“Embajador de EE. UU. debería leerse los acuerdos de paz”

Ya el conflicto armado con las FARC – EP, la guerrilla más grande y militarmente fuerte del continente, terminó por cuenta del acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y esta insurgencia. Ahora se inicia el cese al fuego con el Ejército de Liberación Nacional (ELN,) y con ello se va consolidando el proceso de paz que tanto necesita nuestro país. Así las cosas, son muchas las unidades de la fuerza pública que quedan disponibles y que debían destinarse al combate frontal contra la verdadera amenaza que constituye el fenómeno del paramilitarismo y que sigue asesinando líderes sociales y excombatientes en proceso de paz. Este no es un llamado a la guerra contra los grupos armados que seguramente deben tener sus argumentos para estar alzados contra el Estado que tiene abandonados a su suerte el campo y a millones de pobladores, quienes han tenido que rebuscarse la vida en medio de la guerra apelando principalmente a los cultivos de uso ilícito. Incluso sobrarían contingentes de soldados y policías que se pueden destinar a labores de beneficio social para las comunidades, a construir, a enseñar, a trabajar de la mano de los campesinos, en vez de mandarlos a enfrentarse con los que pueden ser hasta sus padres.

Embajador ignora texto acuerdos de paz

Imagen BOCAC, farc-ep 2017

Con los acuerdos, además de parar la confrontación armada, abrir la participación política de los históricamente excluidos, atender a las víctimas del conflicto como centro del acuerdo, desarrollar el campo mediante la reforma rural integral, se determinó atender el problema de las drogas de uso ilícito desde el concepto de desarrollo integral del campo, toda vez que se entienden entre las partes las circunstancias de abandono y débil presencia del Estado como las causas por las que miles de familias han tenido que cultivar coca, marihuana y amapola en Colombia para derivar su sustento.

En ese sentido específicamente es importante traer colación la implementación del punto 4. “Solución al Problema de las Drogas Ilícitas” y en concreto el subpunto 4.1. Programas de sustitución de cultivos de uso ilícito (PNIS) que entre sus apartes dice:

“El nuevo Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, será la autoridad nacional competente, en cabeza de la Presidencia de la República, en coordinación con las autoridades departamentales y municipales y tendrá un carácter civil sin perjuicio de su coordinación con las autoridades estatales que se requieran para garantizar su pleno desenvolvimiento, incluyendo las responsables de la seguridad y protección de las comunidades según la concepción de seguridad contemplada en el Acuerdo Final”.

“El Programa contribuirá a las transformaciones estructurales de la sociedad rural que resulten de la implementación de la Reforma Rural Integral (RRI), de la que es parte, y a la puesta en marcha de los mecanismos de participación ciudadana acordados”.

La implementación de este programa marcha lentamente dadas las diferentes problemáticas aducidas por el gobierno como la falta de recursos, las trabas puestas en el Congreso en la reglamentación, la presión política del uribismo, etc. Pero los más descabellados argumentos presentados por alguien, son los del embajador de los EEUU Kevin Whitaker quien dijo “Las Farc no han cumplido, a mi juicio, con sus obligaciones basadas en el acuerdo… las Farc necesitan dar la información acerca del narcotráfico para que haya investigaciones y darle paso a todo eso que es el seguimiento judicial, cosa que no ha ocurrido…”. Además dijo que están sembrando e incentivando la siembra de cultivos. Nada más falso y peligro contra el proceso de paz.

Primero que todo y como dijo Iván Márquez, el embajador debe leerse los acuerdos, porque eso no dicen por ningún lado, pero, además, ¿acaso las FARC han tenido esa responsabilidad en los últimos 30 años, como sí la ha tenido el gobierno nacional apoyado por los norteamericanos con toda su fuerza económica, militar y tecnológica lo que no ha dejado sino desolación, enfermedades a causa de las fumigaciones, desplazamientos, daños ambientales y propagación de los cultivos hacia otras zonas del país?

Hoy y después de ser evidente el fracaso de esa lucha, el gobierno parece seguirle apostando a lo mismo y en eso parece que tiene apoyo de los EEUU. Albert Einstein dijo: “Locura es seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes”; hace pocas horas, líderes de la Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca Marihuana y Amapola (COCCAM) del departamento del Valle de Cauca informaron: “…al municipio de San Pedro hoy entraron los erradicadores con la excusa que no hay acuerdo colectivo y que por lo tanto no estamos en el PNIS, cuando los campesinos desde el día 28 de enero solo hemos mostrado gestos de paz y de acogernos a los acuerdos, pero gobierno da muestras de guerra, nos quiere erradicar violentamente, además manifestó el secretario de agricultura que de hoy a mañana entran a Jamundí”. Contrasta con lo que nos informan desde el departamento de Antioquia, donde al equipo de gobierno nacional y municipal que el día de hoy se dedicaba a realizar inscripciones de las familias que entran voluntariamente al Programa Nacional integral de Sustitución de Cultivos de uso Ilícito (PNIS) les dieron la razón de no entrar a la vereda Barro Blanco por orden de un grupo armado organizado.

Cada vez más complicado todo. ¿Qué hace el gobierno con aproximadamente 500 mil miembros de la fuerza pública? Es la pregunta, a ellos y al gobierno es a quienes debe cuestionar el embajador de los EEUU, primero porque durante 30 años han sido los responsables de la fallida lucha contra el flagelo del narcotráfico; segundo, porque ahora que le apostamos a una estrategia diferente en el marco de los acuerdos, no parecen estar de acuerdo al insistir en la fracasada política de erradicación forzada, y tercero, porque la seguridad que corre por cuenta de ellos hace agua por todas partes y pone en riesgo la implementación del acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera.

Ramiro Cortés

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