¿Cuántos muertos más?, ¿cuántas afrentas más? La hipocresía de Santos y Naranjo

Por Víctor Chaves R. Reportero Nómada. Director de Informativo Web del Sur. Miembro del equipo de reporteros de NC Noticias.

El Gobierno, en todos sus niveles ha sido infame con el puerto de Tumaco, la costa pacífica en general y sobre todo con los campesinos que habitan los territorios rurales y que por razones que se han repetido una y mil veces, se tienen que dedicar al cultivo de la mata de coca.

Nuestros muertos

Imagen BOCAC, 2017

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Imagen BOCAC, 2017

Pero los hechos de los últimos días desnudan la existencia de intereses particulares que, ojalá se lleguen a descubrir ante los ojos de todos. ¿Por qué la Policía le dispara a mansalva a un grupo de labriegos que intentan defender los cultivos que les dan de comer y les permiten sostener mínimamente a sus familias?

¿Por qué la Policía no permite el acceso de miembros de organismos multilaterales y humanitarios al lugar de la masacre y por el contrario los repele a punta de balas de aturdimiento y ráfagas de metralleta?

Sin duda alguna que detrás de estas actitudes viles y salvajes de los miembros de este “organismo de seguridad del Estado” deben esconderse elementos graves y con toda seguridad ilegales.

No hay que olvidar que estamos hablando del territorio en donde se produce la mayor cantidad de hoja de coca del mundo y que, en medio de tanta pobreza y desolación de los miles de campesinos que sobreviven de esta actividad, existen organizaciones delincuenciales de gran envergadura, que manejan multimillonarios recursos y que muchas veces, en vez de confrontar a las autoridades, prefirieron trabajar a su lado, es decir sobornándolas, comprándolas o asociándose con ellas.

Nuestros muertos

Imagen BOCAC, 2017

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Imagen BOCAC, 2017

El dilema puede comenzar a resolverse por este lado. Desde mi perspectiva de periodista alternativo e independiente puedo hacer una lectura arriesgada de todo este drama. ¿Por qué matar campesinos a quemarropa? ¿Por qué dispararle a la ONU, a la OEA, a las ong humanitarias, a los periodistas? Todo esto debe tener un costo en dinero. Un gran costo. Una contraprestación, de pronto, por un servicio que se está prestando. ¿Salvar un gran cargamento de cocaína, acaso? ¿Proteger a un capo que hace presencia en la zona? ¿Ocultar la participación de la Policía en el negocio del narcotráfico?

Todos estos interrogantes son válidos para tratar de contextualizar lo que está pasando en el pacífico nariñense. Y con seguridad seguirán surgiendo nuevas preguntas, así quienes las formulemos corramos una vez más riesgos de perder la vida o de ser desaparecidos por las mismas fuerzas del Estado. Esto ya ha ocurrido muchas veces a lo largo de la historia de los últimos 50 o 60 años. ¿o no?

Pero nunca los interrogantes han sido respondidos. O si se han hecho ha sido a medias o con falsos argumentos que justifican o desmientes lo que ha sucedido.

¿Sucederá lo mismo en esta oportunidad?, es la siguiente cuestión. Pasarán al olvido los cuerpos de 8, 10 o 20 campesinos masacrados y de las decenas de heridos. Quedarán atrás las lágrimas y el dolor de madres e hijos sobre los cadáveres. No servirán para nada las denuncias de los organismos cuyos delegados fueron blanco de los disparos de miembros de la Policía que lucían como dementes, con los ojos brotados y los labios resecos, antes de abrir fuego.

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Imagen BOCAC, 2017

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Imagen BOCAC, 2017

Tal vez la diferencia, en esta oportunidad la pueda hacer el pueblo colombiano, unido para ponerle freno a toda esta hipocresía y demagogia del Presidente Santos y del vicepresidente Naranjo, interesados solo en salvar sus imágenes y no en que se conozca la verdad de lo que está sucediendo en este territorio.

La gente, la ciudadanía, la comunidad, la sociedad, como se la quiera llamar puede tener la respuesta: sacar a los responsables, a los autores materiales y sobre todo a quienes cranearon estas arremetidas salvajes, de sus madrigueras, bajarlos de sus tronos de impunidad, para que confiesen y paguen por sus actos delincuenciales.

Porque si nos quedamos esperando a que la justicia opere en este país, tendremos que decir como los jóvenes de hoy: Perderemos el año.

Víctor Chaves R. Reportero Nómada.

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Imagen BOCAC, farc-ep 2017

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